jueves, 17 de diciembre de 2015

Pedro, la Izquierda y los símbolos de España.


La carrera hacia La Moncloa ha comenzado en medio de una inmensa revolución alentada por nuevas organizaciones políticas, y asumida por los partidos tradicionales que han dominado el escenario político español desde la llegada de la democracia, con una gran fuerza renovadora cargada de esperanza y una batería de buenas propuestas. 


Los socialistas tenemos candidato a presidir el Gobierno de la Nación: Pedro Sanchez Pérez-Castejón, quien habiendo obtenido el favor de la militancia en las urnas en las primeras elecciones primarias donde la fórmula #1militante1voto se puso en marcha, ha cumplido recientemente un año como cabeza de todos los socialistas españoles, apuntalado por un gran equipo de hombres y mujeres que representan la renovación de un partido centenario como lo es el PSOE, sustentado por las bases de nuestra organización que le han avalado sobradamente, y con el apoyo de muchos ciudadanos y ciudadanas que quieren experimentar una nueva transición política, vinculada a unos renovados presupuestos y a unas reglas del juego diferentes a los hasta ahora implementados. 

Pedro Sanchez, con su oposición responsable, encarna ese deseo de cambio tranquilo y seguro que anhela toda una sociedad magullada por los golpes bajos al Estado del Bienestar y a su propia dignidad perpetrados por la nefasta administración de los populares al frente del gobierno en estos cuatro años de recortes, mentiras, promesas incumplidas, corrupción y desaliento. 

La proclamación del líder socialista fue una magnifica puesta en escena de todo aquello que representa a una mayoría social que busca la unidad y nunca el rompimiento o la quiebra absoluta del sistema, sino más bien la transformación de este hasta llegar a convertirlo en un sistema que esté siempre al servicio de los ciudadanos y de las ciudadanas. Un sistema que no se vea afectado por los caprichos de los poderosos y que no vuelva a dejar a sus miembros más vulnerables excluidos, expropiados de sus casas, desprotegidos o exiliados forzosamente. 

Recuperar la bandera constitucional como símbolo de unidad de todas las sensibilidades que conforman la gran Nación de Naciones que es España es una apuesta valiente que no debe despertar recelos en la izquierda. 

Los símbolos son patrimonio de toda la sociedad, no sólo de quienes han pretendido apropiarse de ellos. Por tanto, no debemos permitir bajo ningún concepto que aquellos que no han hecho otra cosa que atropellar esas sensibilidades existentes en los diversos puntos de nuestro país, los que han querido borrar nuestra historia y a nuestros muertos, triunfen nuevamente por miedos que a estas alturas deberíamos ya haber superado. 

La transición a la democracia necesitó de una gran responsabilidad por parte de los líderes que la compusieron. Exigió un alto grado de generosidad con el fin de reconciliar a la gran familia que, independientemente de la ideología a la que se apunten sus miembros, ha de ser protegida siempre bajo los principios de la Constitución que nos hemos dado. Una Constitución que es susceptible de ser mejorada, por supuesto, con el fin de ampliar la protección y el reconocimiento de derechos a todas y a todos los que formamos parte de esta gran familia. 

Enarbolar la bandera constitucional española no es renunciar a los principios republicanos que son la esencia misma de nuestra organización política. El PSOE sigue siendo republicano y demócrata, y como tal defiende el modelo de Estado que mayoritariamente y de forma democrática ha decidido darse la sociedad para la que trabaja. 

La Rojigualda, que representa al conjunto de España desde el siglo XVIII y que fue, además, el Pabellón Nacional durante la Primera República, ha de ser ese símbolo que sume los sentimientos de una España federal y diversa, feminista, laica, protectora de la universalidad de la educación y de la sanidad públicas para todas y todos; la representación de un sistema participativo y abierto donde nuestra voz no sea únicamente tomada en cuenta en el momento en el que tengamos que enfrentarnos a las urnas. 

La bandera española ha de ser el símbolo de la trasparencia, de la lucha contra la corrupción y el saqueo de los mercados; el símbolo de la decencia, la protección de nuestros mayores, de las personas con capacidades diferentes, de aquellos y aquellas que aman a sus iguales, de la lucha contra el maltrato a las mujeres y la defensa a ultranza de su igualdad salarial y efectiva ante los varones que hemos dominado durante siglos a sangre y fuego. 

Los símbolos han de estar siempre en alto para posicionarse frente al terror y destruirlo, defendiendo la libertad de todas y de todos, pero pendientes siempre de que un hermano no vuelva a empuñar un arma para eliminar al otro. 

En estos momentos de cambios profundos el PSOE ha hecho una apuesta por quitar la negatividad a una idea y devolverla a la sociedad cargada de positivismo y esperanza, a la vez que nos defendemos, por un lado, de los ataques injustificados de una nueva derecha edulcorada, pero que no deja de ser la misma de siempre: rancia y antisocial; y por el otro, de una izquierda carroñera que pretende cadaverizarnos para comerse hasta nuestros huesos, reivindicando las mismas cosas que nosotros pusimos en marcha, pretendiendo confundir, mentir, engañar vilmente a los ciudadanos y ciudadanas para quedarse con nuestros apoyos. 

¡Pero no van a poder! Los socialistas tenemos el corazón henchido de orgullo por todos estos años de buenas acciones en favor de la mayoría social, de los grupos vulnerables y de la buena política. 

El tiempo nuevo que se abre es consecuencia, también, de los errores del pasado, lo sabemos muy bien, y ya hemos pagado con creces nuestras meteduras de pata. Hemos hecho una profunda autocrítica. Ahora nos toca levantar la cabeza con ese orgullo que nos caracteriza para defender todo lo que hemos ayudado a construir los socialistas en estos más de 130 años de vida. 

Hemos de sentirnos orgullosos y orgullosas de haber contribuido a la transformación de toda una sociedad y de haber hecho de España un país más libre, más democrático, más tolerante y a la vanguardia siempre de los cambios sociales que reclamamos desde el pueblo. 

La historia de España no se entendería sin el Partido Socialista Obrero Español. Por eso, hoy damos un paso al frente y proponemos la consecución de esa nueva transición que nos devuelva a la senda del progreso y recupere nuestros derechos y nuestras libertades. 

Pedro Sánchez representa a una nueva generación de socialistas que queremos construir, sumar y repartir bienestar y justicia a partes iguales, pero nunca dividir. Pedro es ese Presidente para la Mayoría que necesita la España del siglo XXI. 


@AminArias